domingo, 1 de julio de 2012

43. Dulce Soledad

 

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado buscar la soledad como tranquilidad

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado asociar la soledad como paz mental

Me perdono a mí mismo el haberme permitido pensar que únicamente puedo estar tranquilo si estoy solo en casa

Me perdono a mí mismo el haberme permitido creer que es normal no querer socializar con la gente y con ello, asegurarme de defender mi idea de ser una persona ‘tranquila’ donde tranquila = evitar conflictos al socializar con otros

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado detener todo deseo de ‘salir al mundo’ al pensar en los peligros, en el transborde de punto a punto, en el tener que esperar, que coexistir con grandes cantidades de personas en el transporte.

Me perdono a mí mismo por haberme permitido y aceptado amedrentarme con memorias asfixiantes del transporte público, con cientos de personas a mi alrededor, sin aire acondicionado y un calor infernal.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado únicamente sentirme ‘a gusto’ cuando no tengo persona alguna a mi alrededor.

Me doy cuenta de que inconscientemente estoy evitando tener que abandonar mi soledad que se ha vuelto algo comfortable para mí, utilizando pretextos de inseguridad para no tener que salir más allá de 3 kilómetros cuadrados de mi vida.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido antes existir en ‘miedo a la soledad’ y ahora desear la soledad en todo momento, donde el estar en la casa totalmente sola me produce una leve experiencia de satisfacción y ‘libertad’

En y cuando me vea añadiendo una sensación de ‘tranquilidad’ cuando todo está en silencio y la casa está sola, me detengo y respiro. Me doy cuenta de que es por esta asociación que cada vez que alguien llega/ está, no estoy totalmente ‘aquí’ puesto que aún dejo que la presencia de otros me afecte e inunde de una manera casi ‘imperceptible,’ pero sí es motivo de mis movimientos alrededor de la casa.

En y cuando me limite para cantar por el hecho de que está alguien en la casa, me detengo y respiro – me dirijo a seguir cantando y expresándome sin limitación a un ‘dirán que qué me ha pasado/ que he perdido la compostura,’ lo cual indica que estoy ‘comportándome’ con respecto a cómo quiero ser vista por otros.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado creer que sólo puedo estar con las personas por un ‘rato’ y después me hastían, lo cual implica que el punto a trabajar es mi propia aceptación hacia mí mismo donde tal hastío e irritabilidad en la presencia de otro indica mi propio chat mental donde todas las asociaciones a ‘estar solo’ son experimentadas como algo positivo, algo que busco y que disfruto más que estando en compañía de otros.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado temer que estar solo se ha tornado en mi ‘segunda piel,’ sin darme cuenta de que el ‘estar solo’ es una idea en mi mente, ya que nunca en realidad estoy ‘solo’ y que la idea de cambiar mi personalidad y estancia en y como mí mismo de acuerdo a estar sola o acompañada en casa es debido a la manía de querer poder ‘controlar’ mi entorno, tener el espacio ‘sólo para mí’ de manera egoísta, todo en nombre del silencio en el cual me he regocijado sin darme cuenta de la tendencia a aislarme que estoy viviendo ahora.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado creer que está bien sentirse más ‘holgado’ con uno miso cuando estamos solos, sin darme cuenta que ello implica que la presencia de otro ser en casa me produce una ‘restricción’ a nivel mental, sin darme cuenta que ello proviene desde las memorias primeras de querer ser dejada sola en casa y que siempre era algo que era casi imposible sucediera, ya que siempre estuvo el ‘miedo de dejarme sola en casa’ cuando era niña. Así que cada vez que todos se iban de casa, yo disfrutaba de tal soledad hasta el momento en el cual todos regresaban y de nuevo permanecía en casa, en la espera de que todos volvieran a irse para poder regresar a mi estado de ‘felicidad’ por estar sola en casa.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado identificar el estar sola en casa como un sinónimo de libertad.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado creer que mi deseo de estar sola es algo normal para un ser humano, sin darme cuenta cómo se que es algo que realmente sigue controlando mi día a día, donde espero pacientemente que todos se vayan y poder ‘disfrutar’ de estar sola, sin darme cuenta que esto es meramente psicológico puesto que no cambio una sola cosa de hacer algo cuando hay más personas en casa en comparación a cuando estoy sola.

Me perdono a mí misma el haberme permitido y aceptado justificar mi soledad como parte de una personalidad denominada ‘tranquila,’ y utilizar siempre cuando me preguntan por qué no salgo a ‘socializar:’ soy una persona tranquila y con ello justificar el hecho de que en realidad prefiero no estar en compañía de otras personas.

Me doy cuenta de que todo esto existe como mera idea y barrera mental, porque en realidad cuando tengo la oportunidad de platicar/ conversar con alguien, lo disfruto mucho. Todo es cuestión de ver cómo es que en mi propia mente genero este eterno ‘conflicto’ de manera muy pero muy sutil, de estar siempre a la espera de que todo esté tranquilo = en silencio y vacío en casa para estar ‘tranquila’ que es en la posesión de mi personalidad de ‘nada me perturba, el espacio es mío’ – sin darme cuenta que esto es una mera percepción para validar el sentirme bien cada vez que estoy sola, sin darme cuenta que ningún hombre es una isla y que como tal, estamos aquí para establecernos como uno e iguales sin importar si estamos solos o acompañados: este proceso es del individuo para sí mismo = todo cuanto yo camine como mi proceso es una oportunidad de establecer relaciones de igualdad con todos, sin importar mi pasado con tales personas.

Me doy cuenta de que este deseo de soledad es un mecanismo para mantenerme ocupado mentalmente, ya que busco constantemente querer estar sola en la idea de que es así como ‘nada ni nadie me molestará,’ a menos de que yo deliberadamente busque la interacción.

Me perdono a mí misma el haberme permitido y aceptar juzgar a las personas en un café, platicando y ‘pasándola bien, lo cual es un mecanismo de defensa para poder hacerme creer como ‘superior a eso,’ como si ya lo hubiese superado, sin darme cuenta de que al reaccionar es porque estoy en realidad ocultando el desear secretamente estar en un café conversando con otras personas, tal como los ‘viejos tiempos.’ Sin embargo me doy cuenta de que ello sería posible de tener la apertura para hacerlo, pero el tiempo es siempre otra excusa para no hacerlo….

Y esto tendrá que continuar para establecer el tiempo como punto de perdón a uno mismo.

En y cuando me vea secretamente juzgando personas por estar sentados en un café me detengo y respiro, me doy cuenta de que en realidad quisiera estar ahí y que experimento siempre el mismo proceso de querer ir a un lugar, pero a la vez poner el tiempo y pérdida de dinero como excusa, donde termino siempre haciéndome creer que no lo necesito, que puedo vivir todos los días como si fuera el mismo día = no diferenciar con base a mis deseos ocupaciones, lo cual es más bien autoritario de mí para mí misma – me permito y acepto ser más flexible conmigo misma y tampoco comprometerme a ‘ahora salir,’ sino simplemente en y cuando el momento emerja, tener la disposición para hacerlo, sin juicios acallados.

 

Desteni

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arbol desolado

1 comentario:

  1. Its great to see that you are still blogging Marlen. Your style has changed entirely from the first time I visited your blog three to four (or was it five years) ago. I hope you still remember me. I do not blog anymore but I am thinking of restarting at marenqo.blogspot.com

    Take good care,

    m.

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